viernes, 5 de febrero de 2016

Un limon, un recuerdo y una noche.

Cuando miro balancearse el limón de mi casa, siento la nostalgia de haberlo sembrado sobre arena de duna, esa tierra infertil, que donde das dos pasos retrocedes uno, donde tus piernas se consumen en el agotamiento. Pero hoy se balancea con tan fuerza, que pareciera ser indestructible, como el mejor hierro forjado o como el granito prensado por miles de años bajo la tierra. Creció en lo imposible, como el beso de ella aquel día de verano, bajo ese fuerte sol a orillas del mar, que mezclado con la sal lo transforman en un recuerdo imborrable, que quedo grabado en el alma.   

Solo vestía un delgado y ajustado vestido, dejando apreciar las lineas de su figura, como la flor más suave y tierna del jardín, sonreía con cierta tímides, que llamaba la atención, ya tenía sus años para ello. Ahora el viento este golpea un poco más fuerte mis limones, pareciera que alguno caera, pero aún no están tan amarillos como para ello es lo que creo, pero aún así su sabor es tan agradable que al mezclarlos con agua y hielo se transforman en la más exquisita bebida en un día de calor y sol. Ya cae el sol, y el viento sigue, la Luna no esta, y el mar a lo lejos se ve  espumoso por el viento constante, como ese día que viajaba junto a ella a orillas del mar, que pequeño auto, su gris los hacía desvanecerse en la carretera, como para no ser visto, quizás reflejaba la timidez de quién lo conducía, pero a que a minuto no paraba de conversar, tanto en común....... su mirada se perdía, la mía no dejaba de ver sus labios moverse, como dos deliciosas fresas que uno quiera saborear.
Es extraña esta noche pues veo el mar a lo lejos, como si fuera un cuadro de la más grande oscuridad, pero la espuma de las marejadas brillan como la sonrisa de ella al caminar cerca de la playa, miro a derecha y esta mi limonero, que brilla por las gotas de agua que lo cubren al recibir su ración de agua diaria, en eso veo un limón en el pasto, desciendo por él, como aquel día que mi mano bajaba por su espalda mientras sus manos me abrazaban, nuestras caras se acercaban...cerca...cada vez más cerca..... camino por el prado húmedo por el rocío de la noche y el agua de riego, lo tomo.........Aquel día mis brazos la cubrieron y las de ella me abrazaron.......y.........parto el limón lo coloco en el vaso, que ya  tenía agua y hielo........ que delicioso sabor..........me acompaña esta noche, como aquel día que junto a ella nos..........

Daniel Malfanti.



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